Lucía se acercó para abrazarlo y no pudo evitar sentir un olor que despertó su memoria evocativa, cerró los ojos y se transportó a otra presencia, a una ausente y presa de otras emociones. Sintió miedo, pero a la vez quería que ese espejismo aromático fuera real, que él estuviera ahí, para aprisionar su aire, para deshojar sus sueños.
Entonces volvió a abrir los ojos, estaba en este mundo -eso la asustó aun más-, habían pasado solo unos segundos después de ese imaginario; su corazón se relajó, pero respirar era pesado, los minutos traían alas de cemento y soltó a Felipe. Lucía solo recordaba lo ocurrido hace horas, que ya parecían días. Se sentó y acompañó sus suspiros con una sonrisa.
Ella no era la misma, se podía notar. Felipe la miraba, quería saber. Lucía se apoyó en su hombro, Felipe sin mirarla sacó un papel y lapíz de su bolsillo, escribió un mensaje y se lo entregó. Lucía lo lee en silencio, se siente sorprendida, solo tiene dos opciones callar o contar.
Lo volvió a leer en silencio:
"¿Qué ocurrió ayer?"
Ella volteó la cabeza, lo miró soltó una sonrisa.
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